En el nombre de Jesús: vivir desde la autoridad que nos ha sido confiada.

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Por Ilaene Schuler

¿Sabías que el nombre de Jesús no fue dado solamente para ser pronunciado, sino para obrar poderosamente en la vida real?
La Biblia nos muestra que el poder del nombre de Jesús obra en tres direcciones muy concretas: en la salvación, en la guerra espiritual y en la oración.
Cuando entendemos esto, nuestra fe deja de ser teoría y comienza a ser vivida con autoridad.

Primero, el poder del nombre de Jesús obra en la salvación. En Hechos, vemos que es en el nombre de Jesús que las personas son salvas, reciben el perdón de sus pecados, son purificadas, justificadas y santificadas ante Dios.
No es un método ni un sistema religioso. Es el Nombre. “En ningún otro hay salvación” (Hechos 4:12).

En segundo lugar, el nombre de Jesús obra poderosamente en la guerra espiritual. En los Evangelios y el libro de los Hechos, vemos el mismo patrón: los demonios se someten al nombre de Jesús.
Pedro no ofreció una larga oración ante el cojo. Simplemente dijo:
“"En el nombre de Jesucristo, levántate y anda."”
Pablo, en Filipos, no se detiene a orar. Percibe que la mala acción ha ido demasiado lejos y ordena: “¡En el nombre de Jesucristo, sal de ella!”. Y el espíritu salió en ese preciso instante.
El poder no estaba en Pedro. No estaba en Pablo. Estaba en el Nombre.

En tercer lugar, el nombre de Jesús está actuando cuando oramos.
El mismo Jesús afirmó varias veces: "Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre..."“
Orar en el nombre de Jesús no se trata de usar una fórmula al final de la oración. Se trata de orar desde la autoridad que Él nos ha dado.
Dios se ha comprometido a actuar cuando sus hijos permanecen en Cristo y usan el nombre del Hijo.

He aquí un principio esencial: los discípulos no hicieron nada por sí mismos. Simplemente usaron el Nombre.
El nombre no era algo lejano, en el cielo. Era una autoridad que les había sido confiada porque Dios los vio sentados con Cristo. Dios no se fijó en su capacidad, sino en su posición en Cristo. Es como alguien que llega con una carta firmada. No importa quién sea el mensajero. Lo que importa es el nombre que firma la carta.
Los apóstoles vinieron en el nombre de Jesús, y Dios honró ese nombre.

El nombre de Jesús no nos fue dado simplemente para ser mencionado, sino para ser vivido desde nuestra posición en Cristo.
Cuando permanecemos en Él, el poder del Nombre se manifiesta.
La pregunta no es si el nombre de Jesús tiene autoridad. La pregunta es: ¿has estado viviendo, orando y andando con esa autoridad?

Basado en el libro "Las tres actitudes de un cristiano" de Watchman Nee

Ilaene Schuler Es discípula de Jesús, esposa, misionera y coordinadora del Instituto IIFD, del cual forma parte el ministerio Discipulando Iglesias. Trabaja en Brasil y Latinoamérica sirviendo a las iglesias a través de...

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