Entre hombres y caballos: el llamado a vivir por encima de la mediocridad.

two brown and one black horse on green grass

por Ilaene Schuler

Hay preguntas que Dios hace que no nos dejan en el mismo lugar. Desmontan nuestras excusas, exponen nuestra prisa por rendirnos y revelan cuánto aún necesita madurar nuestra fe. Esa fue la pregunta de Dios a Jeremías.

Jeremías enfrentó profundas crisis, intensos rechazos y constantes amenazas, y aun así, recibió la plena aprobación de Dios. Hijo del sacerdote Hilcías, nacido en Anatot, llamado a los 16 años y sirviendo durante 40 años, Jeremías dedicó toda su vida al Señor, inquebrantablemente comprometido con la fidelidad a la Palabra.

Su mensaje tenía tres pilares:

  1. Para que el pueblo obedezca los estatutos del Señor;
  2. Para que anduviera en los caminos del Señor;
  3. Para que pudiera vivir en santidad delante de él.

 Aun así, enfrentó la oposición de su propia familia (Jeremías 12:6-7):

“Hasta tus hermanos y tu propia familia te han traicionado y te persiguen, gritando tras de ti…”

Ante su casi desesperación, Dios le habla con firmeza, en esencia:

“"¡La vida es dura, Jeremías! ¿Te rendirás ante la primera señal de oposición?"

¿Te conformarás con una vida cómoda cuando te he llamado a vivir para Mi gloria?

Lo llamé a la excelencia, a buscar la justicia, a vivir por encima de la mediocridad.

Te prometí fuerza suficiente para cumplir tu destino. ¿Y ahora, ante la dificultad, piensas rendirte? Si te agotas con los hombres, ¿cómo correrás con los caballos?”

Dios anuncia que se avecinaban batallas mayores. Los enemigos anteriores eran como infantería; los caldeos vendrían como caballería: veloces y devastadores.

¿Y cuál fue la respuesta de Jeremías? No con palabras, sino con toda su vida:

“"Correré con los caballos."”

Que tu vida este año sea como la respuesta de Jeremías a los desafíos diarios:

“"Correré con los caballos y cumpliré los propósitos de Dios para mi vida".”

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