Enero ha sido para nosotros una invitación a no vivir en modo supervivencia, sino a correr con los caballos.
La pregunta es ¿cómo hacemos esto como familia, en medio de tantas exigencias?
“El discipulado familiar ya no es una tarea para una agenda ya sobrecargada”.
Es un cambio de mentalidad.
Cuando una familia sólo intenta ‘salir adelante con el día’, la fe pasa a un segundo plano.
Pero cuando decidimos discipular, elegimos vivir con propósito incluso en medio de las dificultades”.”
Es decir, padres que caminan con intención. y hogares que no sólo reaccionan a las crisis, sino que construyen relaciones constantemente”.”
“"El discipulado sucede en la mesa, en el tráfico, en la conversación antes de acostarse"., en la forma en que afrontamos las frustraciones, las decisiones y los desafíos.
No es perfección: es presencia, consistencia y dirección espiritual.”
Decidamos, como familia, no sólo correr, sino vivir plenamente los propósitos de Dios y crecer juntos en la fe en nuestros hogares.




