¿Por qué estamos enojados?

woman covering her face with brown book

por David Kornfield

Nos enojamos cuando:

1) Experimentamos injusticia: A nosotros, o a alguien con quien nos identificamos, nos despojan de algún derecho o nos atacan injustamente.

2) Sentimos estrés: Nuestro cansancio o agotamiento nos deja muy sensibles a cualquier cosa, sin recursos emocionales para afrontar las cosas normales de la vida.

3) Nos atacan: Satanás quiere destruirnos atacándonos o utilizando a otros para este propósito.

4) Se meten con nuestras heridas: Acontecimientos aparentemente insignificantes que tienen un significado especial para nosotros nos hacen sentir un gran dolor, profundo y a veces explosivo.

Nos enojamos cuando alguien amenaza nuestro sentido de valor, nuestro significado, nuestra dignidad como seres creados a imagen de Dios. A veces tal amenaza nos hace huir, otras veces enfrentarnos en amor y otras veces atacar. Incluso al escapar, es normal sentirse enojado. A menudo, el silencio o el distanciamiento son expresiones de ira. Alguien me dijo recientemente que dejó de ir a la iglesia para castigar a su esposa, con quien tenía conflictos. Distanciarse de ella y de las actividades que ella disfrutaba era una expresión de su enfado.

Nuestra ira puede estallar cuando enfrentamos a otros que actúan contra Dios, contra nosotros o contra otras personas con quienes nos identificamos. En el primer caso, Dios puede cuidar de sí mismo. No necesitamos defenderlo. Al mismo tiempo, debemos defender la justicia, las viudas y los huérfanos, los pobres y los necesitados. Al ser fieles a Dios, Él nos llevará a expresar un deseo ardiente de corregir, atacar o destruir aquello que amenaza la justicia.

Cuando las personas actúan contra nosotros, debemos distinguir si estamos defendiendo nuestro ego de forma nociva o saludable. Si es egocentrismo, debemos arrepentirnos. Si se trata de un ataque enemigo, debemos reconocerlo y defendernos. El arma favorita de Satanás son las mentiras, a menudo expresadas a través de verdades a medias o tergiversando la verdad.

Texto extraído del libro Introducción a la Restauración del Alma de David Kornfield, Editora Mundo Cristão.

es_ESEspañol