¿Qué parte de mí aún necesita pasar por la cruz?

a silhouette of a person standing in front of a cross

 

¿Te has dado cuenta de que mucha gente habla del crecimiento personal como si se tratara simplemente de desarrollar mejores hábitos?

Sé más productivo. Ten más equilibrio. Logra una mejor versión de ti mismo.

Pero, en el camino de Jesús, el crecimiento personal es algo mucho más profundo. Jesús no solo dijo: “Mejora tu vida”. Dijo: “Toma tu cruz y sígueme”. Eso lo cambia todo.

Porque, para Jesús, el crecimiento no se trata solo de organizar mejor tu rutina.
Se trata de entregar tu vida. Se trata de darle a Dios no solo nuestros sueños, sino también nuestros deseos, nuestro control, nuestra resistencia y nuestro falso yo.

En Getsemaní, Jesús les dice a sus discípulos: “Velad conmigo”. Y luego afirma:
“Velad y orad para que no caigáis en tentación. El espíritu está dispuesto, pero la carne es débil.” (Mateo 26)

Jesús sabía que la gran batalla no era meramente externa. Era una batalla de voluntades.

Tres veces le ruega al Padre que, si es posible, aparte de él esa copa.
Pero su oración termina en rendición: "No se haga mi voluntad, sino la tuya".“

He aquí una de las características más profundas del discipulado: crecer espiritualmente es aprender a someter mi voluntad a la voluntad de Dios. Porque el acto principal de la voluntad no es simplemente esfuerzo, sino consentimiento.

En otras palabras, "Señor, no solo quiero que bendigas mis caminos, sino que también quiero que dirijas mi vida".“

Esto supone un profundo desafío para nuestra cultura. Vivimos en una generación que nos enseña:
“"Sé fiel a ti mismo." "Haz lo que te parezca correcto."”
“"Sigue tus deseos". Pero Jesús nos llama a otro camino.

El Camino de la Cruz. El Camino de la Entrega. El Camino de la Formación.

La cruz no es un detalle de la vida cristiana. La cruz es el camino por el cual Jesús transforma nuestra vida. Una cultura de crecimiento espiritual no nace simplemente del contenido, los acontecimientos o las buenas intenciones. Nace cuando aprendemos, juntos, a practicar el camino de Jesús en nuestra vida diaria: obedeciendo, sirviendo, perdonando, renunciando, velando y orando.
y viviendo como sus aprendices.

Para Jesús, crecer no se trata solo de avanzar. Se trata de ser formado. No se trata solo de hacer más.
Se trata de parecernos más a Cristo.

El caso es: ¿Qué parte de mí todavía necesita pasar por la cruz para que la vida de Jesús se haga más evidente en mí?

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